Desde hace par de años tengo el vellón pegado (“pegau”) con el que no se refieran a mi persona como “dama”. No es lo mucho, sino lo seguidito.

DAMA, ¿qué se va a tomar?

¿Ya vio el menú, DAMA?

¿Algo más en la ensalada, DAMA?

Son $10.50, DAMA.

Recogiendo el carro en el valet parking del mall, un empleado me dijo: “Dama, son seis dólares”. Acto seguido, vino un señor a reclamar su carro a quien se dirigió diciéndole: “Jefe, son seis dólares.” Como fiel creyente en la igualdad de los sexos, confieso que la distinción me desarmó.

os antes ya me había percatado de la práctica del uso del DAMA para referirse a una mujer en los establecimientos comerciales o en las oficinas de gobierno. Desde un principio, ello me causó una incomodidad inexplicable la cual nacía desde el tuétano de mi ser.

Durante los últimos diez años la modalidad ha ido in crescendo. Más personas la han adoptado, y la utilizan más repetida e indiscriminadamente, aún dentro de la misma oración. Al observar quienes tendían a incurrir en tan fastidiosa práctica, en ese momento me percaté que la mayoría tenía algo en común: oscilaban entre los 20 a 30 años. Es decir: eran nacidos después del 1990.

Atando cabos, creo haber comprendido porqué a nivel subconsciente me causaba tanta incomodidad el omnipresente “DAMA”.

Algunos de ustedes tendrán suficiente edad como para recordar que entre el 1990 y el 2008, el público puertorriqueño mantuvo entre los primeros diez programas del país uno que se llamaba “No te Duermas”. El mismo que lanzó al estrellato a pilares de nuestra sociedad como Maripili, la Taína y la Burbu. Su mantenedor Antonio Sánchez “El Gánster”, contaba con un gran poder de influenciar la forma en la que la gente hablaba, logrando hacer de frases y palabras los vocablos del momento que en semanas o meses estaban en boca de todos.

La sección más anticipada de “No Te Duermas” era la presentación de “El Poder de la Semana”. Consistía en un segmento de aproximadamente un minuto en el que una chica sensual eróticamente posaba tal cual sacada de la revista Playboy, con tiras a penas cubriéndole partes de su cuerpo, simulando un traje de baño. Al terminar la proyección del video, el “Gánster”, instruía a una de las anfitrionas — “la Taína”- a escoltar a la “DAMA” hasta donde él, quien la entrevistaba. Así, “la Taína” escoltaba a Yesenia, Yadira o Yahaira hasta el sofá en forma de labios coloraos, y procedía a hacerle preguntas, dirigidas a demostrar que el valor más importante de su cabeza era la de cargar su larga cabellera.

Lo que no surge de mi relato es el tono y lenguaje corporal que caracterizaba todo este intercambio. Al llamar al “Poder de la Semana” al escenario, el Gánster tenia pleno conocimiento del nombre del poder de esa semana, pero con sonrisa de oreja a oreja pedía que escoltasen a “LA DDDDAMA” hasta donde él. Al así hacerlo, entre chistes y risas, cínicamente enfatizaba el “DAMA” sin que persona alguna se diese cuenta de la burla sexista y misógina que guardaba detrás de su aparente respeto por la mujer a quien se refería como “Dama”, pero de quien ni se molestaba en recordar su nombre.

Y de ahí es que deduzco que la numerosa población de puertorriqueños que no se perdían “No Te Duermas” y el esperado “Poder de la Semana” comenzaron a adoptar la jerga del Gánster (la cual también repetía en su programa radial matutino). Bajo la tutela del ícono popular “El Gánster” y con la mejor buena fe, los televidentes también enseñaron a sus hijos que gateaban frente al televisor y que hoy oscilan entre los 25–30 años, que la forma fina y respetuosa de dirigirse a una mujer era llamándola “DAMA”.

El problema no se queda ahí. Aunque por lo general los usuarios del “dama” lo utilizan para demostrar respeto como les enseñaron sus padres, en ocasiones la práctica se torna en un indicio de insolencia o altanería. Como cuando el policía viene a dar un boleto, predeciblemente comienza su intervención con el “DAAAAAma”. También se da el caso de la empleada malcriada que no puede faltarle el respeto a la cliente, pero sabe que con el ‘DAMA” el mensaje despectivo llega más claro que el agua.

Pueden pensar que esté haciendo un issue de algo “insignificante” cuando existen tantos asuntos de envergadura que hay que atender en nuestro país.

Lo que sucede es que por las pequeñas cosas se llega a las grandes. El incorrecto uso de “dama”, no es distinto a la adopción popular de frases institucionalizadas por los personajes en los medios los cuales que la gente imita, repitiendo como el papagayo desafortunadas frases tales como “¿que pajó?” y “A pues bien”. Respetuosamente entiendo que los medios de comunicación son para educar, informar y/o entretener, NO para contribuir a la degradación del idioma. O como diría un amigo: la cafretización del pueblo. Mucho menos para perpetuar el sexismo de un locutor cuya popularidad le permitió dejar su burlona huella contra las mujeres en nuestra jerga popular.

Aun cuando no pueda cambiar el mundo, si me aseguraré de que cada vez que alguien me llame “dama”, le habré de responder: MEJOR DÍGAME JEFA.

Puerto Rican warrior & survivor; fighting for equal environmental rights, one pipe at a time”. “Mi nada, a nadie se lo debo.” Julia de Burgos.